En un momento durante la final del Mundial de Sudáfrica, pinchan en las pantallas gigantes del estadio una cámara que está enfocando al palco Real. La Princesa Letizia le da un codazo al Príncipe mientras se gira mirándose en una de ellas. "Mira, mira, salimos por la tele".*
Humildad Real
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miércoles 14 de julio de 2010 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, frases absurdas
Lesbian Hooligans
Un martes cualquiera fui con una amiga a un bar. Al cabo de un rato, entró un pakistaní con un ramo de rosas y nos ofreció una. Le dije al tipo el clásico "No, gracias. Ya hemos follado" y -contra todo pronóstico- nos regaló una rosa a cada una. Una rosa amarilla. No sé si nos las dio amarillas porque son las que menos salida tienen o por su parecido cromático con las tortillas.
Tras expresar su tolerancia hacia las lesbianas, nos explicó que llevaba dos años a pan y agua porque su mujer está en su país y él es un hombre fiel. Fue entonces cuando se unieron a la charla un par de borrachos, comentando que ya habían notado que éramos lesbianas, que seguro que esa era nuestra primera cita y que yo hacía poco que me había dado cuenta de cuál era mi verdadera condición sexual. Supongo que es difícil ser vidente estando ciego. Dicho esto, uno de ellos nos invitó a una caña y el otro nos pidió que le dijéramos 3 palabras con las que nos escribiría un poema. Las palabras que elegimos fueron "correa", "manta" y "florero":
"Me vuelvo loca llamándote en cualquier cavina (sic)
No coges el teléfono
Creo convetirme (sic) en un florero para ti
Voy a soltarme la correa con la que me sujetas
Te amo con una manía persuasiva
PD: No seas manta y cúbreme ya."

A juzgar por la calidad de los versos, no creo que el tipo hubiera visto Before SunSet.

Se le había olvidado incluir la palabra 'manta' en el poema.
Después de ese cúmulo de mecenazgos en pro del amor libre, decidimos que las expectativas para la noche de un martes ya habían sido superadas y lo mejor que podíamos hacer era retirarnos antes de que nos pidieran una prueba fehaciente de nuestra supuesta lesbiandad; de modo que fuimos a la barra a pagar la cerveza que habíamos pedido nada más llegar pero, invitó la casa.
Dado que no hubo ninguna insinuación de por medio, lo único que se me ocurre como explicación por tanta amabilidad con dos mujeres a las que creían gays es que se sentían en deuda con el porno lésbico.
Extra:
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sábado 2 de enero de 2010 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Teorías del absurdo
Aparición de un acondroplásico en un charcho

Pintura al óleo, literal ¿Sería cruel pisarlo, no?
Imagen cedida por la lectora anónima que me encontré aquél día y que reencontré hace apenas una semana, cuando fui en busca de una chica que me habían presentado esa misma tarde -que también se declara fan- a la que había perdido dentro de una discoteca. Cuando logré localizarla estaba junto a ella, en el lavabo. El imán de sus vejigas las había unido.
En cuanto a la aparición; la pondré en la estantería, junto a las demás.
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jueves 31 de diciembre de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Imágenes del absurdo
Mi primera vez, de puta madre
En el cine en el que trabajaba hay una especie de diploma que se le da a los niños que van a ver una película en la gran pantalla por primera vez y no pueden remediar contárselo a la taquillera; donde tienen que poner su nombre, edad y el filme con el que se van a desflorar. Yo no sé exactamente cuál fue la primera vez que fui al cine, pero, aunque de mi infancia cinéfila sólo recuerdo estar sentada en las escaleras-pasillo del cine Coliseum viendo Aladdín en un pase continuo, creo que la primera película que vi fue Las Tortugas Ninja.
Digo que fue Las Tortugas Ninja (1990) porque de manera espontánea sólo recordaba haber visto Aladdín (1993), pero también me acuerdo de haber ido a ver Las Tortugas Ninja, aunque sea un recuerdo inducido por mis padres:
Al parecer, en diciembre de 1990 mi madre (1, 2, 3, 4) le dijo a mi padre que me llevara al cine. A juzgar por las fechas del estreno, y teniendo en cuenta que la película debió estar en cartelera durante varias semanas, deduzco que le pidió que me llevara al cine mientras ella preparaba la cena de Navidad. Se lo preguntaré mañana. Fuimos al cine Niza, posteriormente sala de baile Niza y actualmente espejo público permamente; donde proyectaban Teenage Mutant Ninja Turtles doblada en español y vendida como una comedia de aventuras familiar, que resulta más o menos para todos los públicos hasta que en el fragmento final de la película, las tortugas empiezan a enumerar grandilocuencias para definir el desenlace de su hazaña y el
El 'cojonudo' me pasó desapercibido; pero salí del cine y llegué a mi casa gritando una y otra vez "de puta madre". Imaginad una niña de 4 años voceando "DE PUTA MADRE" por la calle. Fue algo más o menos así:
Y por eso, niños, tenéis que ir a ver las películas en versión original.
NOTA: En la película original, dicen "Cowabunga" en lugar de "de puta madre". Imagino que los dobladores dirían:
- 'Cowagunga' ¿Qué palabra de mierda es esa? ¿Tú sabes cuál es su traducción, Jose?
- Joder, no tengo ni idea... Ponemos "de puta madre", ¿no? No hay adjetivo más superlativo que ese.
- De puta madre.
Actualización: Dice mi madre que ya me había llevado al cine en otras ocasiones. Vaya.
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martes 15 de diciembre de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Imágenes del absurdo
Drunks Dance Fight
Hace bastante que no saco a la luz ninguna anécdota, así que hoy he rescatado una de hace un par de meses: Estaba una tarde en la Rambla del Raval tomándome un té mientras escuchaba a un grupo de Reggae -eran las fiestas de La Mercè-, y cuando fui hacia el escenario vi que la gente no estaba mirando a los músicos sino la batalla de baile de estos dos borrachos cualesquiera:
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jueves 3 de diciembre de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Vídeos del absurdo
Perros niño
Hace aproximadamente un año, escribí una entrada con un titular inverso al de hoy en la que criticaba una curiosidad que había observado en varios países, donde era o es bastante común ver a gente paseando a sus hijos con una correa. Dicha entrada ha recibido varios comentarios anónimos de padres y madres que entraron en búsqueda de una correa para sus revoltosos hijos y se encontraron con un latigazo directo a su amor paternal:
Nunca pensé que pudiera ver a un perro montado en una silla de ruedas o en un carrito de bebé a no ser que se tratara de una broma; pero el anónimo me exigió una satisfacción y yo di mi palabra a lo Robin Hood.
- Patricil dijo...
Querido anónimo:
Igual también debería ponerle un bozal para que no se meta mierdas en la boca, cosa que SIEMPRE hacen los niños.
Los carritos de niño y las sillas de ruedas fueron inventadas para las personas, no para los perros; al contrario que la correa. El día que vea un perro sentado en una silla de ruedas o en un carrito, también lo criticaré, no lo dudes xDD- 28 de junio de 2008 13:50
El caso es que una amiga estuvo hace un par de meses en Nueva York y me escribió diciéndome que el oficio de paseador de perros en carrito de bebé eran algo muy común en los confines de
Y ahora que tengo la miel en los labios, en realidad no sé muy bien qué criticar al respecto; supongo que lo más desconcertante del asunto es que no aprovechen el carro para vender cervezas y samosas por el parque.
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lunes 5 de octubre de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Críticas al absurdo
Dar indicaciones
Este mediodía estaba sentada en el metro escuchando música, bastante enajenada; y de reojo vi que la mujer que estaba junto a mí se había girado para preguntarme algo, y que al ver que llevaba puestos los cascos y que miraba en otra dirección, se volvía y le preguntaba a la chica que estaba a su otro lado. Me supo bastante mal, así que aparté un auricular para enterarme de lo que le preguntaba e intervenir si la otra no sabía responderle.
Le había preguntado si tenía que bajarse en Tetuan* para ir a la Gran Vía, y como no lo sabía; me quité los auriculares y le dije que la parada de Paseo de Gracia la dejaba allí, algo que me sé al dedillo porque me bajo muy a menudo en esa parada; pero que era una calle muy larga (joder, su propio nombre lo indica) y que dependía de dónde quisiera ir. La mujer contestó que iba a Plaza España.
Entonces sucedió. El momento de conexión telepática. La chica y yo nos miramos, y con esa mirada tanteamos si la otra sabía a ciencia cierta cuál era la mejor combinación, porque ninguna había caído en la respuesta correcta de forma espontánea, como cuando yo contesté en un acto reflejo cuál era la siguiente parada que daba a la Gran Vía.
Cuando algún transeúnte nos pregunta cómo llegar a cierto lugar o dónde está cierta calle, el problema no es que no lo sepamos, sino que no caemos en ello; nos haría falta un espacio considerable de tiempo para estar seguros de la respuesta; de modo que dudamos, y si le damos una respuesta sin mostrar seguridad, en vez de ayudarle le estamos generando son todavía más dudas: "¿Qué hago, hago caso de sus indicaciones? No parecía muy seguro... ¿y si se equivoca? ". Por eso cuando me preguntan una dirección, yo siempre respondo al instante y con rotundidad, aunque luego, cuando ya he tenido unos segundos para reflexionar, a menudo me doy cuenta de que le he indicado mal; pero por lo menos le he ahorrado la incertidumbre.
De todos modos, no os recomiendo que hagáis lo que yo hago inconscientemente; ya que a pesar de que dudemos acerca de si serán veraces o no, todos hacemos caso de las indicaciones; aunque sólo sea durante las dos primeras manzanas, antes de contrastarlas con otra persona.
Como decía, la chica y yo nos miramos para sondear si la otra tenía la respuesta directa. En ese momento yo estaba pensando "Podría hacer transbordo en Passeig de Gràcia y coger la línea verde hasta Plaza España. ¿Plaza España es la línea verde, no? Creo que sí. Pero el transbordo de la L2 a la L3 en Paseo de Gracia es terrible**. Si no contestas tú ahora mismo, tendré que dar mi respuesta y saldrás con lo de que el transbordo es muy largo y ya la habremos liado."
Por cómo me miró, supe que ella no caía en la respuesta, necesitaba más tiempo para pensar; pero al instante dio en el blanco de forma implacable: "Tienes que hacer transbordo en Universitat y coger la L1 hasta España.". Le di la razón con firmeza, añadiendo detalles para que pensara que yo iba a indicarle lo mismo, de modo que a la mujer no le quedó ninguna duda de que la habíamos guiado perfectamente. Lo que se dice un buen trabajo en equipo.
Y así es como se guía, con la convicción de un perro Lazarillo.
* La parada de metro de Tetuan es una de mis favoritas. Iba a explicar el porqué pero he recordado que ya lo hice hace casi 5 años:
Ven ya a disfrutar la nueva atracción de Metro Aventura:
Desafía la fuerza del viento intentando acceder al andén del metro cuando faltan 30 segundos para su llegada....¡Y explícalo si puedes!
Sólo en la parada Tetuan (L2)
¿A qué estás esperando?
** Es un transbordo de unos 15 minutos. Lo he hecho una sola vez en toda mi vida y no he vuelto a repetirlo. De modo que si venís a Barcelona, no hagáis jamás el transbordo de la L2 (lila) o la L4 (amarilla) a la L3 (verde) o viceversa (L3 a L4/L2); siempre hay una alternativa.
*** Ya que me ha quedado una entrada de lo más larga, voy a aprovechar para decirle a los que me leen a través del feed que en el anterior post publiqué un banner muy majo de Trecotín que no ha aparecido en el post que muestra el lector de feeds.
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miércoles 23 de septiembre de 2009 |
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Dolencias del camino y otras penas
Como ya comenté, he estado diez días caminando por rocódromos. Diez días en los que he ido calzada como una completa guiri y en los que me he sorprendido a mí misma diciendo "No sé qué ponerme hoy" cuando sólo llevaba dos camisetas y dos pantalones en la mochila.
No voy a recrearme en ninguna anécdota en particular porque todas han sido breves y lamentables; como que me pillaran robando pinzas, que me adelantara un grupo de vacas y que en un acto de desesperación paliativa me pusiera a imitar el andar de los gigantes y cabezudos, bajo la lluvia, con la mochila a cuestas y enfundada en una capelina enorme.
Lo más lógico sería pensar que gracias al Camino de Santiago todos esos pueblos perdidos de habitantes octogenarios rejuvenecen, pero en realidad no es así; al llegar al final de cada etapa, los peregrinos se convierten en jóvenes envejecidos que pasean por los pueblos cojeando hacia la farmacia (patrocinador no oficial) y que hacen cola para aferrarse a las barandillas y favorecer así el descenso unitario de los escalones.
Tal vez todo esto suene desalentador, pero en realidad para mí ha sido una bonita experiencia que me ha servido para confirmar que, tal y como yo sospechaba, la parte más horrenda y problemática de mi cuerpo son mis pies.
He llegado a Barcelona con las plantas de los pies
Pero las desdichas podales no se quedaron en Galicia. Ya de vuelta a la civilización, cogí un día una bici para volver a casa y de camino se me rompió una de las sandalias. Conseguí mantener la suela más o menos fija presionando con la planta del pie contra el pedal; pero al aparcar la bici me di cuenta de que ese sistema no me permitiría hacer un moonwalk hasta mi casa.
Intenté reconstruir la sandalia un par de veces sin ningún éxito, así que la única alternativa
Como decía, el Camino de Santiago es una experiencia de lo más enriquecedora. Os la recomiendo a todos.
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domingo 23 de agosto de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas
Anoche me desperté y había alguien en mi habitación
Anoche estaba hecha polvo pero aún así me acosté a las 2 am., como de costumbre, para intentar alargar al máximo la asunción de que lo próximo que iba a hacer era ir a trabajar. Estaba ya dormida cuando en una fase de semiiconsciencia me di la vuelta y noté, entre tinieblas, que había alguien sentado en el suelo de mi habitación, apoyado en el armario. Intenté enjuagar mis ojos para verlo con más claridad y me di cuenta de que era un amigo mío.
Me levanté de la cama, pensando en cuánto tiempo debía hacer que estaba ahí sentado, observándome mientras yo dormía con la boca abierta y con un pecho asomando por el costado de mi camiseta. Me acerqué hacia donde estaba y le dije "Oye, ¿qué haces ahí sentado?, vete a la habitación de al lado que hay dos camas libres"; alargue el brazo, ya que parecía que estaba bastante desmejorado, como si estuviera durmiendo la mona después de una borrachera; y al palpar una textura rígida y plasticosa sobre él solté una carcajada estrepitosamente neurótica mientras le decía "¡¿Pero qué haces con la careta de Marshall?!"; intenté quitársela y cuando palpé las puertas enterabiertas del armario me di cuenta de que había estado hablando con Jason Segel; con un póster de su última película que me habían regalado -junto con una pelota hinchable de un tamaño grotesco- hacía unos días y que mi madre había colgado en el pomo de la puerta.
Lo más inquietante es que ésto ya me había pasado en otra ocasión, aunque en lugar de confundir un póster con una persona, había confundido un montón de ropa que tenía encima del escritorio con alguien que estaba sentado sobre él, mirándome fijamente mientras yo dormía.
Como colofón, mientras yo vivía anoche un nuevo episodio como sonambulista, mi mejor amiga soñaba que me quedaba embarazada y no quería abortar porque quería ser madre soltera. Tal vez ese era e preludio de otro sueño que yo tuve.
Por si alguien tiene especial interés en sueños extraños y estados de semiinconsciencia ahí van algunas entradas relacionadas:
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viernes 31 de julio de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas
Disquetes de 3 1/2 y otros trastos
Los trastos abandonados son las golosinas que te ofrece la calle, son esos caramelos rellenos de droga que tu madre te decía que no aceptaras de extraños. Son la tentación de Diógenes. Sabes que no tendrías que llevártelos, que ni siquiera tendrías que mirarlos, como a los mendigos, los yonkis, las putas o los punkis; pero es inevitable echar una vistazo con el rabillo del ojo.
El pasado jueves por la noche, cuando volvía para casa, me encontré con un montón de cacharros apilados cerca de Arco de Triunfo; supongo que sería El dia dels trastos en el barrio del Born. Como era de noche y había dos chicos revolviendo el vertedero, me acerqué para que no se llevaran las mejores botellas de cristal.
Había algunos muebles, una caja llena de disquetes de varios colores y otros chismes en los que no reparé porque los disketttes ya habían acaparado mi atención. Cogí uno al azar, uno de color verde; como quien elige la carta de una baraja para un truco de magia:

Lo llevo siempre en el bolso, por si algún día me dejo el pendrive y tengo que guardarme un dibujo del Paint.
Todavía no he podido abrirlo para ver qué contiene porque a pesar de que yo sí tengo disquetera, mi ordenador lleva un mes en coma. Mi teoría es que se trata del track nº7 de un disco llamado Tango 100. ¿Alguien da más?
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martes 14 de julio de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, casos absurdos, Teorías del absurdo
Si vas a cagar no te lleves el fular
No lo digo por experiencia. Esta anécdota es un poco cochina pero no empaña mi imagen sino la de una chica que iba en el coche con el amigo de una de mi trabajo. A pesar de no ser una historia autobiográfica, la fuente es veraz; no he omitido a ningún intermediario, no creáis que es como la leyenda urbana del amigo de un amigo que conoce al tipo que se encontró una uña de rata en su hamburguesa de McDonald's. Si esa historia fuera cierta, la teoría de los seis grados estaría totalmente desfasada.
Al parecer el amigo de mi compañera de trabajo es un tipo atractivo que suele ligar bastante cuando sale de noche, con chicas monísimas y divinas. Cierta noche, de fiesta en un viaje a Tenerife, cameló a una chica y decidieron irse a un lugar con cama. No sé si se trataba del apartamento/hotel de él o de la casa de ella. Subieron a su coche y a medio camino, en mitad de la nada, la chica le pidió que parara el coche para hacer pis entre los hierbajos de la cuneta. Recordad que se trata de una chica fina, si hubiera sido sólo pis podría haberse aguantado, pero al parecer se trataba de aguas mayores e incontinentes, y no tuvo más remedio que pedirle que parara el coche.
Desapareció de su vista, llevó a cabo el parto y se limpió con los pañuelos que llevaba en el bolso. Todo correcto, sin sospechas. Luego volvió al coche con toda la decencia del mundo, como si nada hubiera salido de su segundo orificio. Se sentó en el asiento del copiloto, dejó el bolso a un lado y con un grácil y majestuoso gesto abatió el foulard que llevaba en el cuello para apartarlo hacia un lado y chof. Chof en la cara del conductor.
No sé cuál es el desenlace, cuando mi compañera me contó la historia su amigo sólo le había adelantado la sinopsis por teléfono. Le preguntaré cuál fue el desenlace, aunque yo creo que esta historia podría ser el preludio de la secuela del caso de la mujer-arado.
¿Qué creéis que hizo él y qué hizo ella? Recordad que el objetivo de ese desafortunado trayecto en coche era un final amatorio.
Actualización: Mi compañera de trabajo me dijo que al final no hubo coito, pero no me ha dado más detalles.
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miércoles 1 de julio de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, casos absurdos
Depilación infantil: Cuchillas y mitos
Los resultados del test han revelado que creéis que "Depilarse las piernas con la maquinilla de afeitar que tiraba un vecino" es la actividad menos probable (con un 56% de los votos) para ser llevada a cabo por unos niños que están en la guardería; mientras que la inmensa mayoría (96-97%) de los votantes estáis de acuerdo en que "Limpiar la mesa con los puños de la bata" y "Partirse la barbilla" es de lo más plausible.
Doy por hecho que habréis sido víctimas de una dura infancia a manos de la explotación infantil y la autoagresión física y que esa es la razón por la que semejantes barbaridades os parecen normales; aunque en realidad las tres afirmaciones son ciertas. De las propuestas, la falsa aseveración era: "Comparar el sabor de nuestra sangre".
Además, me he dado cuenta de que se me olvidó añadir "Comer hormigas" en la encuesta. Me gustaría saber qué nivel de credibilidad tiene eso. Y por si os lo preguntáis, las hormigas no saben a nada.
Ya que la respuesta más popular ha sido la de la depilación prematura, voy a relatar la versión extendida de esa anécdota tan de anuncio de Gillette:
Mi guardería estaba en un entresuelo, así que el patio de recreo era en realidad una terraza cualquiera, separada del exterior por un muro. Nunca supe a ciencia cierta qué había al otro lado, sólo sabía que algunos de nuestros juguetes iban a parar accidentalmente a esa otra dimensión y que cada cierto tiempo la Sita Tere cogía una escalera, pasaba al otro lado y traía los juguetes de vuelta, incluyendo algunos que no eran nuestros.

Muchas de las ventanas del resto de las viviendas del bloque daban a nuestro patio, así que en ocasiones caían cosas accidentalmente -o no-. Más que un patio era un puro truco de magia, un misterio mucho más inquietante que el de los Reyes Magos.
En una de esas ofrendas vecinales lo que encontramos fue una maquinilla de afeitar, de las de cuchilla. Nos reunimos en consenso, y decidimos -deduzco que por imitación materna- deshacernos del poco vello que teníamos en las piernas. No hubo sangre, pero la Sita Susana por fin se dio cuenta de lo que estábamos haciendo y como yo era la portadora en ese momento, dirigió hacia mí su discurso, que sin duda alguna debía proceder de la propia experiencia:
"¿Pero qué haces? ¡Si te afeitas los pelos te saldrán gordos y negros!".
Por aquel entonces, yo no entendí a qué se refería. Mis piernas tenían un vello suave y rubio, prácticamente inapreciable; no podía creer que fueran a llenarse de cerdas, así que supuse que lo había dicho para asustarme, como cuando me hablaban del Coco o del Monstruo del Armario (¿un poco homófobo esto, no?).
Y esa cuchilla debía de tener un efecto retardante, ya que pasaron varios años hasta que empezaron a aparecer pelos dignos de consideración en mis extremidades. Esos pelos que he ido aguillotinando de forma más o menos periódica durante todos estos años con la ayuda de una cuchilla. Todo para poder afirmar que aunque el argumento de mi profesora se usa todavía, es totalmente falso. Es una leyenda urbana: Que os depiléis con cuchilla no hará que vuestros pelos salgan más negros y fuertes. Así que lo lamento por los alopécicos, pero que os afeitéis la cabeza no hará que os renazca una frondosa cabellera.
NOTA: Prometo que este será el último post en el que hable de guarderías. De verdad.
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miércoles 17 de junio de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Críticas al absurdo, Teorías del absurdo
Cómo mearse encima sin que nadie se dé cuenta
La verdad es que yo no lo sé. A los 5 años pensaba que sí lo sabía, pero me equivoqué. Otro EPIC FAIL más para mi prematura colección.
Aviso: Este también es un post antisexy (y cuando digo antisexy me refiero a que es personal y escatológico)
Era verano, pero mis padres me seguían llevando a la guardería porque trabajaban. No recuerdo en qué pasábamos el tiempo, supongo que además de limpiar las mesas con los puños de la bata, hacíamos ejercicios de los típicos cuadernillos de verano, comíamos hormigas, nos depilábamos las piernas con la maquinilla de afeitar que tiraba un vecino, nos enseñábamos las desproporcionadas heces que excretábamos -que en ocasiones no pasaban por el agujero del retrete-, comparábamos el sabor de nuestra sangre o nos partíamos la barbilla. Sólo una de ellas es falsa.
Recuerdo que uno de esos calurosos días de verano (esta frase es tan tópica como el "había una vez") estaba sentada con el resto de niños cautivos dibujando cosas extrañas; y me entraron unas ganas terribles de orinar. Lo normal habría sido alzar el brazo y pedir permiso para ir al baño, pero hacer eso me daba vergüenza. ¿Por qué cuando éramos pequeños teníamos que pedir permiso para ir al baño? Es una necesidad fisiológica que no se le puede denegar a nadie, y pedir permiso para ello implica que aceptas la posibilidad de que te lo nieguen. No hay que pedir permiso, como mucho hay que informar de ello: "Sita, voy al baño".
Como decía, me avergonzaba que mis compañeros supieran que iba a hacer pis, así que decidí hacérmelo encima. Mi estrategia consistía en dispensar el hilo de orina como si fuera un sistema de riego gota a gota, para que nadie se diera cuenta -un ejercicio estupendo para fortalecer los músculos de la vagina, por cierto-. Así que aunque dibujara con esa apariencia de niña felizmente despreocupada, en realidad estaba regulando mi reflejo miccional, calculando mentalmente el tiempo que distaba entre cada chorrito de caldo. Es un ejercicio tremendamente difícil, podéis comprobarlo, así que después de 3 o 4 briznas me vi sin fuerzas y di rienda suelta: Que sea lo que Dios quiera.
Después de ese pequeño desliz a pocos decilitros de la meta, me di cuenta de que había pasado por alto un pequeño detalle. No contaba con ese charco que tenía ahora bajo mi silla. Había fracasado. Me había deshecho de mi pipí, pero ahora no sabía cómo volver a deshacerme de él.
La sita me pilló, me echó la bronca, me llevó al baño, me limpió y me puso unos calzoncillos. Luego como castigo me dejó en calzoncillos delante de la pizarra para que todos mis compañeros me vieran y supieran que lo que había hecho estaba mal. Que no se puede ir por ahí meando donde te dé la gana porque luego te ponen unos calzoncillos y te dejan como expositor para ridiculizarte. Aunque parezca extraño, no sentí ninguna vergüenza.
Por cierto, ya que el otro día hablé de los nombres de las guarderías, la mía se llamaba Kindy, la cerraron en 2006 y ahora es una residencia de ancianos, Terra ferma, se llama; "Tierra firme" en castellano.
El otro día pasé por allí y le hice una foto a la portería. Cuando sea anciana Si llego a anciana pediré que me lleven ahí y volveré a mearme encima. A ver qué pasa. ¿No os parece una preciosa metáfora de la vida?
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viernes 5 de junio de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Críticas al absurdo, Teorías del absurdo
Tengo un corazón que no me cabe en el pecho, literalmente
Después de 40 minutos corriendo, bajo al vestuario me doy cuenta de que se me ha salido el corazón del pecho.
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martes 26 de mayo de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Imágenes del absurdo, wtf
Renuncié a interpretar a la princesa Leia para perpetrar un EPIC FAIL
Sucedió a finales del curso 1993-1994. Como cada año, en mi colegio se celebraba el Festival de Fin de Curso -un evento tan importante que se merece esas mayúsculas- donde todas las clases que cursaban Educación Primaria tenían que representar un espectáculo para padres y alumnos. Ese año la temática era sobre películas, y nuestro profesor decidió que nosotros escenificaríamos Star Wars.
Elegimos quién interpretaría cada papel mediante votación; y para decidir quién sería la princesa Leia, votaron entre las que teníamos el pelo más largo. Supongo que pensaron que era más práctico enroscarse la melena que ponerse una ensaimada a cada lado de la cabeza.
Salí como candidata electa (de las 2 que éramos), pero me di cuenta de que aceptar el papel supondría una jugada para mi madre porque tendría que hacerme el traje, y ella nunca ha sido amante de la costurería; así que en un arrebato de madurez, le dije a mi profesor que renunciaba al papel.
A cambio, tuve que conformarme con el modesto papel de "Título de la película". Bueno, en realidad ni siquiera eso, yo sólo fui la letra 'T'. Mi cometido era entrar en escena cuando empezaba a sonar la banda sonora, hacer la rueda y colocarme entre la 'S' y la 'A', cogiéndolas de la mano, y luego desaparecer del escenario por un lateral.
La customización era la siguiente:
- Ropa negra
- Zapatillas tipo Victoria, de color blanco
- La letra que nos habían asignado, recortada en tela blanca, pintada con pintura fluorescente y cosida en el pecho.
- Varias estrellas, también recortadas en tela blanca fluorescente, cosidas uniformemente sobre las extremidades.
El disfraz no parecía nada complicado o engorroso (o por lo menos eso pensaba yo), así que no me pareció que supusiera un problema para mi madre. Con lo que no contaba era con la ineptitud de las madres de dos de mis compañeras, que eran precisamente las estaban a mi lado:
De todos modos, no me lamento por mi renuncia al papel estrella de verdad, porque gracias a mi humildad pasé a la posteridad en el anuario 1993-1994, aunque fuera formando parte de un EPIC FAIL galáctico.
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domingo 17 de mayo de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Imágenes del absurdo
Rencillas entre vecinos
De todos los vídeos que circulan por Internet, uno de mis favoritos es el de Las vecinas locas; un filme cuya trama se enreda tanto que al final te quedas sin saber quién es el malo. Un final abierto, que dicen.
Cuando estuve en Madrid, hace poco más de un mes, me alojé en casa de una amiga que había vivido algo parecido en su edificio, aunque en su caso fue un altercado por escrito así que lo que ha permanecido como prueba del hecho no ha sido un corto si no un monólogo.
Todo empezó un día X, en el que apareció colgado en el rellano del edificio el siguiente cartel:
Ya está bien con el despertador. ¿Tenemos que aguantarlo cada 10 min. Desde las 6.30 de la mañana? ¡Vale ya! ¡Queremos dormir!El día X+1 apareció colgada junto esta queja una réplica de dos folios de longitud:
Estimado/a vecino/a, en contestación a su anónimo, lamento indicarle que mi despertador va a seguir sonando a las 6:30 de la mañana, hora en la que algunas personas tenemos la desagradable tarea de levantarnos para ir a trabajar. Estoy con usted en que puede ser una experiencia bastante traumática tener que despertarse de madrugada escuchando el sonido de un aparato tan molesto, pero por otro lado tan necesario, para una simple trabajadora que debe cumplir un horario estricto de oficina.Créame cuando le digo que he intentado buscar una técnica de despertar tan silenciosa como la que utilizan algunos vecinos a la hora de saludar en el portal, que me permita levantarme sin emitir ningún tipo de sonido, ni humano ni electrónico, pero no he sido capaz de hallarla.
En respuesta a su tan delicada queja he intentado ver si se puede bajar el volumen del despertador, pero lamento decirle que el fabricante de dicho utensilio debía de ser tan mal vecino como yo puesto que no cayó en la idea de incorporar un regulador de volumen para evitar molestar al vecino que duerme plácidamente en su domicilio. Con mucho gusto le facilitaré los datos de dicho fabricante para que dirija hacia él su más enérgica protesta a la cual me sumaré con mucho gusto.
En cuanto a las reiteraciones, permítame indicarle que son 2, efectivamente cada 10 minutos y se corresponden a la necesidad de arrancar a esta increpada marmota, del sueño pesado que le invade cada mañana.
Por otro lado, también quisiera añadir que no hay medida de presión más eficaz que la palabra, con lo que pongo a su disposición el trozo de descansillo que pueda corresponderme, para debatir cualquier solución relacionada con el asunto que nos ocupa.
Sin más que añadir, se despide atentamente,
La vecina del 2º D:
Elena A.M.
Podéis ver el original aquí.
Relacionado: Más disputas entre vecinos en Tablón de anuncios informal o Muro de las lamentaciones
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jueves 14 de mayo de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, anécdotas surrealistas, Imágenes del absurdo
El bebé que intentó hablar a los 3 meses en una lengua extranjera y falló
Anoche tuve un sueño. Vale, esto suena a juego de palabras facilón. No lo leáis como una intencionada y pseudoingeniosa referencia a ésto o ésto otro. Fue así sin más, tuve un sueño, fue anoche, y sí; os lo voy a contar.
El escenario era un campo de fútbol. Yo estaba de pie, en las gradas, con un bebé de unos tres meses entre mis brazos. El bebé era mi hijo y acababa de pronunciar sus primeras palabras: "I, you". Yo, que sé muy bien cómo tratar a los niños, le miré y le dije "No se dice 'I, you', se dice 'Me, you'". Ya que hablas, habla bien, coño.
Tras mi observación, obviamos el ridículo y nos presentamos debidamente –en castellano-; Algo totalmente lógico y natural entre dos personas que experimentan su primera toma de contacto verbal. Hablamos de la vida, de nuestros gustos, del sabor de mi leche materna, qué sé yo.
El caso es que en mi sueño había dado a luz a un bebé de habla precoz, un bebé empollón que había llevado a cabo el proceso de autoaprendizaje básico del lenguaje de forma intensiva. Después de 9 meses de estudio en mi sombrío y húmedo útero y de 3 meses más de listening en el exterior, mi arrogante retoño había decidido pronunciarse prematuramente y a lo grande: en inglés.
Podría haber dicho cualquier cosa en un castellano más que correcto y su hazaña habría sido recordada para siempre como la de "El bebé que aprendió a hablar a los 3 meses"; pero fue tan impaciente y codicioso que quiso fardar del conocimiento de una segunda lengua. No le bastaba con tener el nivel lingüístico de un niño de 10 años, ansiaba ser "El bebé que aprendió a hablar a los 3 meses, y en una lengua extranjera" y ahora iba a ser “El bebé que intentó hablar a los 3 meses en una lengua extranjera y falló”.
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miércoles 13 de mayo de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, Teorías del absurdo
La Carme
Hoy voy a importar una entrada de mi difunto comatoso fotolog, con todo el descaro del mundo -aunque muchas de las imágenes del absurdo las rescate de ahí- pero con un fin justificado, ya que el otro día me volví a encontrar con ELLA:
13/06/06
Hay personas que marcaron nuestra infancia de las que no volvemos a saber nada, hasta que la casualidad y/o el destino hacen que se produzca el glorioso reencuentro.
Este es el caso de la dueña del bar de mi antiguo colegio, conocida comúnmente como La Carme:
- Experta en el arte de la atención al cliente (ladrarle a los niños y camelar a padres y profesores) y en el lanzamiento raso de bolsas de Fritos a 2 metros de distancia.
- Leyenda por no aceptar las monedas de 1 peseta, por pegarle un manguerazo a un niño que rompió sin querer el vaso que le había pedido para tomar su medicina, y por cobrarle los sobres de azúcar a los que se habían mareado y los cubitos de hielo a los que habían sufrido un pelotazo craneal.
Cuál fue mi sorpresa al bajar la mirada (y eso que yo soy más bien bajita) y encontrarme a esa mujer en el mismo vagón de metro. Me resultó imposible detener la risa que nacía de mis adentros al recordar su currículum y comprobar:
1. Que las barras de bar están alzadas varios centímetros
2. Que tiene piernas
3. Que mi cara le resultaba familiar (me conocía como la furullera, que supongo que viene de "follonera")
Surgió en mí una expresión de estreñimiento, derivada de mi esfuerzo por mantener la compostura; totalmente en vano, ya que al ver como La Carme se precipitaba sobre un asiento que iba a ser desalojado cual buitre carroñero sobre presa putrefacta, la risa brotó de mi estómago y estalló a pocos centímetros de su cara.
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sábado 2 de mayo de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, anécdotas surrealistas
El caso del Yonki-Jedi
Visto el éxito de participación en El caso de la Mujer-Arado, os voy a dar unos nuevos ingredientes para que cocinéis, de nuevo, vuestro propio pastel. Voy a exponer otro caso no resuelto para que le busquéis una solución absurda y lógica a la vez.
Esta vez el enigma no es tan suculento como el de la Mujer-Arado, pero confío en que podáis amasarlo hasta que os quede una amalgama bien grumosa. Ahí va la situación que me encontré el pasado sábado:
Estaba en el concierto de Vetusta Morla, en un parque de L’Hospitalet de Llobregat donde se celebraban las fiestas. Había demasiada gente; la verdad es que me gustaban más cuando no eran mediáticos. Supongo que es un sentimiento bastante típico.
Agobiados por el bochorno, a mitad del concierto nos retiramos a la parte del parque donde había césped y corría el aire. Fue allí donde le vimos: Había un drogadicto clásico, solo, pegando saltos mientras agitaba un sable láser de color verde que cortaba el viento en un compás totalmente arrítmico a Copenhage. De repente, lo apagó y atisbó con curiosidad a unos perroflautas que estaban sentados en círculo, como una tribu que lleva a cabo el ritual de la pipa de la paz, para unirse finalmente a ellos; ocupando el hueco libre que completaba una circumferencia perfecta.
Ahí lo tenéis, ahora os toca reconstruir su historia. Si funciona, añadiré "Casos Absurdos" como nueva categoría en el blog.
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martes 28 de abril de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, anécdotas surrealistas, casos absurdos, wtf
Enfrentarse a los mayores
Algunos habréis leído aquello que escribí llena de rabia después de una trifulca que tuve con un compañero de trabajo. Como dije, esa no fue precisamente la primera vez que me enfrenté a alguien mayor que yo porque; de hecho, siempre que alguien ha intentado aprovechar su mayoría de edad para imponer su supremacía o infundirme miedo, he sacado toda mi arrogancia a flote a pesar de las represalias que sabía que esto podría ocasionarme.
Tranquilos este no es un post pesimista, así que os contaré un par de anécdotas divertidas de dos de mis primeros enfrentamientos con los mayores.
Por mi camiseta de Charlot
El primer recuerdo que tengo de haberme enfrentado a alguien mayor que yo es de cuando tenía 7 años. Estaba en el recreo y llevaba puesta una camiseta con el rostro de Charles Chaplin, era mi camiseta favorita a pesar de que tuviera 2 ejemplares de la misma. Estaba jugando con mis amigas cuando pasaron por mi lado dos chavales de unos 15 ó 16 años. Me miraron y uno le dijo al otro, gritando y señalándome con el dedo:
No he conseguido explicarme cómo ni por qué, pero yo sabía que aquel mayor había confundido a Charlot con Hitler, así que le solté algo así como "¿Pero qué dices? ¿No ves que es Charlot?", algo que ignoró por completo. A partir de ese día sólo me puse la camiseta para estar por casa: Si aquellos dos mayores le habían confundido con Adolf Hitler, muchos más podrían hacerlo y lo que es aún peor, si no me decían nada yo no podría alertarles de su fatal error.
Por el parche de una bomber
Otro enfrentamiento que recuerdo en mi infancia fecha de cuando yo tenía 14 años. En esa época ser "pelado" o "bakala" se puso muy de moda, así que empezaron a medrar esos seres infames con sus bombers y sus pantalones abotonados hasta arriba, cual uniforme de stripper.
A mí me daba bastante rabia esta gente (y me la sigue dando), así que me compinché con un compañero de clase para esconderle una pieza esencial a la chaqueta Alpha a uno de los pelaos. Le quité la pieza de velcro que llevaba la marca bordada, adosada al pecho, y se la puse en el bolsillo interior. Seguro que tardaría un buen rato en encontrarla.
Durante el recreo, estaba sentada al sol en el suelo del patio cuando de repente alcé la vista y me encontré al cabezilla de la banda, un pelao que iba a un curso más -ya sabéis el respeto que infundía eso- que se acercó a mí, desafiante, exigiéndome con prepotencia la pieza de velcro. Realmente se me fue la olla, porque le dije, textualmente: "¿Y para qué iba yo a querer esa mierda?". Cuando estas palabras salieron de mi boca, mis amigas me miraron aterrorizadas y yo misma tragué saliva esperando un insulto, un empujón o incluso un puñetazo, pero no. De repente cambió su tono, relajó la postura y me dijo entre risas "Es que sabes qué pasa, que le quiero robar la bomber para venderla y quiero tenerla completa. ¿Lo siento, eh?". Y se fue, así, sin más. Al parecer primero había acudido a mi compinche y el muy cobarde le había dicho que yo tenía el dichoso velcro.
Después de escribir estas dos historietas me he dado cuenta del factor en común.
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viernes 24 de abril de 2009 |
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Etiquetas: anécdotas absurdas, anécdotas surrealistas



















