domingo, 1 de junio de 2008

En el nombre del padre ó Ponerle tu nombre a un hijo

El objetivo del nombre comercial de una empresa es la identificación y diferenciación de un negocio o marca respecto a los de su competencia. Muchas empresas utilizan, además, marcas o nombres paraguas para sus líneas de producto, con un mismo objetivo: diferenciarlas también del resto de sus subproductos.

Me acabo de dar cuenta de que estoy a punto de comparar los nombres comerciales con los nombres personales, pero al fin y al cabo ambos son nombres propios; y como no es lo mismo continente que contenido, os acabo de desmontar una posible acusación de "comprar a las personas con los productos".

La finalidad de los nombres personales es, pues, la misma: identificarnos, diferenciarnos y etiquetarnos. No es un acto de afirmación de nuestra personalidad puesto que no lo elegimos nosotros, y cambiar de nombre cuando ya somos socialmente maduros, es un alto riesgo que pocos se atreven a correr.

No se puede segurar plantear la exclusividad de un nombre en el entorno estudiantil, social o laboral de una persona; pero lo que sí se puede evitar es la pérdida de la identidad (por lo menos de lo primero que proyectamos como tal) dentro del entorno familiar más cercano.

Por lo tanto, si la finalidad de los nombres es diferenciarnos de las personas de nuestro entorno, ponerle tu nombre a un hijo es contraproducente y carece de toda justificación ya que el sentimiento de pertenencia al grupo familiar ya está cubierto por los apellidos, que aseguran la conservación y perpetuación del linaje.

Ponerle tu mismo nombre a un hijo es, bajo mi punto de vista, una decisión que se toma inconscientemente para asegurar tu persistencia en el top of mind de tu vástago a lo largo de su vida. Un acto de egoísmo, en definitiva.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Aix Patri, aquí me has dado, yo como Germán nieto de Germán, Hijo de Germán, y seguramente, algún día, Padre de Germán creo que no es un acto egoísta. Es una tradición, una manera de transmitir una fuerza mística ligada al nombre.

Desde pequeñito mi padre me explicaba que de "Germánes" por el mundo habían pocos, y que nos teníamos que cuidar entre nosotros. También podría decir que mi nombre me ha traído suerte, no obstante mi tío Enrique (cuyo padre, osease mi abuelo) se llamaba igual se negó profundamente a ponerle Enrique a su hijo (optó por ponerle Guillermo a mi primo/ahijado) porque le había traído mala fortuna.

En definitiva no creo que "nadie" - en su sano juicio.- llegue a ponerle a su hijo i-(nombre del hijo, emulando a apple) o (nombre del padre)v.1.2 (emulando a los programas libres de derechos de autor)

Por una eternidad de Germán Antón©!!

Patricil dijo...

Venga, aceptamos Germán y otros nombres poco comunes para perpetuar especies (nombres) en peligro de extinción ;)

Antoniorme dijo...

tienes toda la razon...

pero el colmo, es llamar a tu hijo y a tu empresa con tu nombre...

jajaj

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