Los resultados del test han revelado que creéis que "Depilarse las piernas con la maquinilla de afeitar que tiraba un vecino" es la actividad menos probable (con un 56% de los votos) para ser llevada a cabo por unos niños que están en la guardería; mientras que la inmensa mayoría (96-97%) de los votantes estáis de acuerdo en que "Limpiar la mesa con los puños de la bata" y "Partirse la barbilla" es de lo más plausible.
Doy por hecho que habréis sido víctimas de una dura infancia a manos de la explotación infantil y la autoagresión física y que esa es la razón por la que semejantes barbaridades os parecen normales; aunque en realidad las tres afirmaciones son ciertas. De las propuestas, la falsa aseveración era: "Comparar el sabor de nuestra sangre".
Además, me he dado cuenta de que se me olvidó añadir "Comer hormigas" en la encuesta. Me gustaría saber qué nivel de credibilidad tiene eso. Y por si os lo preguntáis, las hormigas no saben a nada.
Ya que la respuesta más popular ha sido la de la depilación prematura, voy a relatar la versión extendida de esa anécdota tan de anuncio de Gillette:
Mi guardería estaba en un entresuelo, así que el patio de recreo era en realidad una terraza cualquiera, separada del exterior por un muro. Nunca supe a ciencia cierta qué había al otro lado, sólo sabía que algunos de nuestros juguetes iban a parar accidentalmente a esa otra dimensión y que cada cierto tiempo la Sita Tere cogía una escalera, pasaba al otro lado y traía los juguetes de vuelta, incluyendo algunos que no eran nuestros.

Todos contra el muro ¡No lloréis, cobardes!
Muchas de las ventanas del resto de las viviendas del bloque daban a nuestro patio, así que en ocasiones caían cosas accidentalmente -o no-. Más que un patio era un puro truco de magia, un misterio mucho más inquietante que el de los Reyes Magos.
En una de esas ofrendas vecinales lo que encontramos fue una maquinilla de afeitar, de las de cuchilla. Nos reunimos en consenso, y decidimos -deduzco que por imitación materna- deshacernos del poco vello que teníamos en las piernas. No hubo sangre, pero la Sita Susana por fin se dio cuenta de lo que estábamos haciendo y como yo era la portadora en ese momento, dirigió hacia mí su discurso, que sin duda alguna debía proceder de la propia experiencia:
"¿Pero qué haces? ¡Si te afeitas los pelos te saldrán gordos y negros!".
Por aquel entonces, yo no entendí a qué se refería. Mis piernas tenían un vello suave y rubio, prácticamente inapreciable; no podía creer que fueran a llenarse de cerdas, así que supuse que lo había dicho para asustarme, como cuando me hablaban del Coco o del Monstruo del Armario (¿un poco homófobo esto, no?).
Y esa cuchilla debía de tener un efecto retardante, ya que pasaron varios años hasta que empezaron a aparecer pelos dignos de consideración en mis extremidades. Esos pelos que he ido aguillotinando de forma más o menos periódica durante todos estos años con la ayuda de una cuchilla. Todo para poder afirmar que aunque el argumento de mi profesora se usa todavía, es totalmente falso. Es una leyenda urbana: Que os depiléis con cuchilla no hará que vuestros pelos salgan más negros y fuertes. Así que lo lamento por los alopécicos, pero que os afeitéis la cabeza no hará que os renazca una frondosa cabellera.
NOTA: Prometo que este será el último post en el que hable de guarderías. De verdad.